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EL PRIMER BLOG CATÓLICO DE VALLE DE LA PASCUA...







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domingo, 31 de enero de 2010

Tópicos sobre el Credo


Explicación del Credo
Autor: Catholic.net

Las verdades de nuestra religión, de nuestra fe católica.

Explicación del Credo. Las verdades de nuestra religión, de nuestra fe católica se encuentran en la oración del Credo. El Credo es lo que creemos los católicos. Si alguien de otra religión nos pregunta ¿qué es lo que creen ustedes los católicos? podemos contestarle con todo lo que rezamos en el Credo. Podemos decir que es como un resumen de nuestra religión.

El Credo está dividido en tres partes:

La primera parte habla de Dios Padre y de la obra de la Creación.

La segunda parte habla de Dios Hijo y de la Redención de los hombres.

La tercera parte habla de Dios Espíritu Santo y de nuestra santificación.

Estas tres partes contienen doce artículos que abarcan las principales verdades en las que creemos los católicos. Estos doce artículos son:

1. Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la Tierra.
2. Jesucristo, Hijo único de Dios.
3. Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nacido de María la Virgen.
4. Jesús fue crucificado, muerto y sepultado.
5. Jesús descendió a los infiernos y al tercer día resucitó.
6. Jesús subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre.
7. Jesús vendrá a juzgar a vivos muertos.
8. El Espíritu Santo.
9. La Iglesia una, santa, católica y apostólica y la comunión de los santos.
10. El perdón de los pecados.
11. La resurrección de los muertos.
12. La vida eterna.

Si nos fijamos bien en todo lo que creemos nos vamos a dar cuenta de lo importante que es Dios y de como nos amó tanto que nos entregó a su Hijo Jesús para salvarnos. Se quedó con nosotros en la Iglesia, nos perdona y nos promete volver a venir. Todo lo que creemos lo debemos de vivir. Debemos demostrar con nuestras obras que creemos en Dios. Se debe notar la diferencia entre un niño que no tiene fe y un niño que sí tiene fe. La vida se vive diferente. Por ejemplo, si yo creo que tengo un Padre Todopoderoso que vela por mí, mis acciones deberán demostrar esa seguridad y confianza. Si yo creo en la Iglesia, la voy a ayudar. El Credo es una forma de profesar nuestra fe. Otra forma de profesar nuestra fe es haciendo la señal de la cruz, que es la señal del cristiano. ¿Qué expresamos cuando nos persignamos? Decimos que creemos en Dios que es uno en tres personas distintas. Esto lo hacemos al decir “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Al trazar la señal de la cruz en nuestro cuerpo, expresamos que creemos en la Encarnación, Pasión y Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Al rezar el Credo entramos en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y con toda la Iglesia.


El Credo de los Apóstoles

Definición. El Credo es una recopilación de nuestra fe, es un testimonio vivo de todas las enseñanzas de la Iglesia. Por tradición sabemos que fue compuesto por los apóstoles, aunque ha recibido algunas variaciones para ampliarlo más. El Credo consta de tres partes principales que nos enseñan sobre Dios el Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. El Credo vivido es el gran regalo de nuestra fe, creemos venciendo la razón humana todo lo Dios nos ha revelado, creemos verdades que solo pueden ser abarcadas cuando confiamos el El. Confiamos en la Iglesia porque Cristo la fundó y prometió estar con ella hasta el final de los tiempos.

El Credo de los Apóstoles. Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, y en Jesucristo su Único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la Comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne, y en la vida eterna. Amén.

El Credo de los Apóstoles - meditado

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra,
Yo creo que existe un Dios que me ha creado a mí y a todo el universo, Yo reconozco que El es lleno de poder, Sabiduría y Amor; El es el autor de todo lo que existe.

y en Jesucristo su Único Hijo, Nuestro Señor,
Yo creo que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo, el Mesías, El ungido, El es el único Hijo engendrado de Dios, eternamente unido a El, El es la Palabra de Dios, hombre verdadero y Dios verdadero, El ha recibido poder sobre toda la creación como "Señor" porque El es nuestro Salvador.

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen,
Yo creo que la Palabra de Dio se vistió de carne y se volvió hombre para el propósito de nuestra salvación, El fue concebido por el Poder del Espíritu Santo en el vientre de la Santísima Virgen María. Yo creo que Jesús el hijo de María, es el hijo de Dios.

padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
Yo creo que Jesucristo renunció toda su Divinidad para poder sufrir por nosotros, El tomó sobre si mismo el castigo debido por nuestros pecados y murió como cualquier ser humano.

descendió a los infiernos,
Yo creo que después de que Jesús murió, El fue al lugar donde estaban todos los espíritus de los muertos, El fue allí para liberar a los cautivos quienes no habían recibido su redención todavía.

al tercer día resucitó de entre los muertos;
Yo creo que Jesús venció la muerte por el poder de Su resurrección. Los tres días son un signo para los creyentes, una confirmación de la santidad de sus palabras. El destruyó la muerte porque El no tenia pecado y la muerte es el precio por nuestros pecados. El murió para que nosotros podamos vivir eternamente a través de Su resurrección.

subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso;
Yo creo en la fidelidad de Jesús, Quien esta sentado a la derecha de Dios como Rey de Reyes y Señor de Señores, allá El prepara un lugar para nuestras almas y envía el Espíritu Santo para darnos Esperanza y Confianza en El.

desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Yo creo en la segunda venida de Cristo en Gloria, Yo creo que después de que nosotros muramos seremos juzgados y también creo en el Juicio Final para todo el mundo.

Creo en el Espíritu Santo,
Yo creo en la tercera persona de la Santísima Trinidad, Quien nos ha hecho templos de su Gloria, Yo creo que el Espíritu Santo es Dios nuestro abogado, maestro y consolador. El es el Espíritu de Amor y de Paz del Padre y del Hijo.

en la Santa Iglesia Católica,
Yo creo que Jesús fundo Su Iglesia sobre Pedro la roca, y que esta Iglesia todavía esta firme por el poder de Sus palabras a través de sucesión apostólica hasta el día de hoy, Yo creo que nosotros debemos de someternos a las enseñanzas del Magisterio de la Una, Santa Iglesia: Católica, Apostólica y Romana.

en la Comunión de los Santos,
Yo creo que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, El es la cabeza y nosotros somos los miembros. Por la Gracia de Dios nosotros permanecemos en su Espíritu y entramos en comunión con las almas de aquellos quienes ya han ido ante el. Yo creo en la Iglesia triunfante del cielo, formada por todos los santos en Cristo, Yo creo en la Iglesia sufriente formada por todos aquellos quienes están siendo purificados en el purgatorio, y Yo creo en la Iglesia militante, formada por todos los bautizados quienes están viviendo sus vidas para Dios aquí en la tierra.

en el perdón de los pecados,
Yo creo que todos los pecados cometidos, excepto aquellos cometidos en contra del Espíritu Santo pueden ser perdonados porque Jesús es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.  Yo creo en el poder de perdonar los pecados dado por Cristo a los Apóstoles y continuado por sucesión apostólica a todos los Sacerdotes Católicos y Ortodoxos, en el Sacramento de la Penitencia donde nosotros somos reconciliados con Dios.

en la resurrección de la carne, y en la vida eterna. Amén.
Yo creo en las Palabras de Cristo Quien dijo "Yo te levantaré en el último día." Yo creo en Sus promesas de la vida eterna.

Amen.


El credo bíblico


Creo en Dios. "Nuestro Dios es el único Señor" (Deuteronomio 6,4).

Padre todo poderoso. "Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (Lucas 18,27).

Creador del cielo y de la tierra. "En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra" (Génesis 1,1).

Creo en Jesucristo. "El es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es" (Hebreos 1,3).

Su único hijo. "Pues Dios amo tanto al mundo, que dio a su Hijo Unico, para que todo aquel que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna" (Juan 3,16).

Nuestro Señor. "Dios lo ha hecho Señor y Mesías" (Hechos 2,36).

Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo."El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo descansará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios" (Lucas 1,35).

Nació de santa María Virgen. "Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: Una Virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel' (que significa "Dios con nosotros")" (Mateo 1,22-23).

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. "Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús, y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro" (Juan 19,1-2).

Fue crucificado. "Jesús salió llevando su cruz, para ir al llamado lugar de la Calavera' (o que en hebreo se llama Gólgota). Allí lo Crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado. Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero, que decía: Jesús de Nazaret, Rey de los judíos" (Juan 19,17-19).

Muerto y sepultado. "Jesús gritó con fuerza y dijo: -¡Padre en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, murió (Lucas 23,46). Después de bajarlo de la cruz, lo envolvieron en una sábana de lino y lo pusieron en un sepulcro abierto en una peña, donde todavía no habían sepultado a nadie" (Lucas 23,53).

Descendió a los infiernos. "Como hombre, murió; pero como ser espiritual que era, volvió a la vida. Y como ser espiritual, fue y predicó a los espíritus que estaban presos." (1Pedro 3,18-19).

Al tercer día resucitó de entre los muertos. "Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras, que lo sepultaron y que resucitó al tercer día" (1Corintios 15, 3-4).

Subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todo poderoso. "El Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16,19).

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. "El nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha puesto como juez de los vivos y de los muertos" (Hechos 10,42).

Creo en el Espíritu Santo. "Porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado" (Romanos 5,5).

La Santa Inglesia Católica. "Y yo te digo que tu eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi iglesia; y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla" (Mateo 16,18).

La comunión de los Santos. "Después de esto, miré y vi una gran multitud de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, y eran tantos que nadie podía contarlos" (Apocalipsis 7,9).

El perdón de los pecados. "A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados" (Juan 20,23).

La resurrección de la carne. "Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales" (Romanos 8,11).

Y la vida eterna. "Allí no habrá noche, y los que allí vivan no necesitarán luz de lampara ni luz del sol, porque Dios el Señor les dará su luz, y ellos reinarán por todos los siglos" (Apocalipsis 22,5).

Amen. "Así sea. ¡Ven, Señor Jesús!" (Apocalipsis 22,20).






sábado, 16 de enero de 2010

Atentos a la Verdad



Atentos a la Verdad

Tomado de: www.fraynelson.com


¿A quién le gusta respirar una atmósfera contaminada? ¿Qué padre responsable daría a sus hijos alimentos adulterados? En el ámbito de la información, de los conocimientos, de las ideas, no todo es agua transparente, cristalina. La inteligencia humana, de modo natural, tiende al conocimiento de la verdad. Sin embargo, las personas se encuentran, frecuentemente, ante mentiras, verdades a medias, intereses creados, etc., que distorsionan el conocimiento de la realidad. En el itinerario mental para aprender a pensar, una parada obligatoria es detectar la manipulación, la falsedad. Dotar a nuestros hijos de un sano sentido crítico, que les permita descubrir los errores que subyacen bajo una aparente capa de verdad. No se trata, es obvio, de ir desconfiando de la gente por sistema, sino de ir utilizando nuestra propia mente en la maravillosa aventura de profundizar en la verdad. Irse habituando a examinar con atención la información que nos llega; someter las ideas, opiniones y propuestas a un análisis crítico; indagar por debajo de la superficie; contrastar datos, cifras. El objetivo sería, por tanto,


Aprender A Conocer Y Saber Defender La Verdad. Habrá que distinguir entre lo esencial y lo discutible u opinable. Hay muchas cuestiones, de índole práctica, que no son verdaderas ni falsas en sentido estricto, sino que permiten variadas soluciones, todas ellas respetables. Se da por supuesto, en consecuencia, la existencia de un amplio campo de aspectos que permiten soluciones plurales -políticas, económicas, culturales, organizativas, etc.Se entiende por esencial todo lo que afecta a la integridad corporal y espiritual de las personas. Fijemos la atención ahora en tres áreas de frecuente contaminación:

La manipulación a través del lenguaje.
La influencia de los medios de comunicación.
Las falacias argumentativas.


La manipulación a través del lenguaje. Una primera forma de esquivar la verdad o la objetividad, es mediante el recurso a determinadas palabras o frases breves. Por ejemplo, la descalificación de personas, grupos o instituciones, colocándoles una «etiqueta» de connotaciones peyorativas. El que la arroja, no aporta argumentos ni datos objetivos; simplemente, intenta descalificar amparándose en una palabra generalmente ofensiva:


- «Fulano es un retrógrado»

- «Ese hombre es un fascista».


Los eslóganes son frases concisas, pensadas para incitar a las personas a realizar un determinado comportamiento o cambiar una actitud. Lanzan unos mensajes incisivos que, considerados en sí mismos, no son positivos ni negativos. Su valoración dependerá de la finalidad. Son valiosos los eslóganes veraces, que se orientan hacia la mejora de las personas y de la sociedad. Son negativos -manipuladores- los que desfiguran la realidad o promueven conductas contrarias a la dignidad de la persona. Con cierta frecuencia se ponen al servicio de intereses particulares, del beneficio económico, de ideologías reduccionistas, etcétera, sin considerar el bien de las personas, el bien común de la sociedad. Otras veces se hacen servir unas palabras «mágicas» o de moda, que contrastan con otras consideradas negativas. He aquí una lista de algunas de ellas:


Palabras «mágicas»: Libertad. Autonomía. Progreso. Diálogo, consenso. Moderno. Nuevo. Futuro. Éxito. Tolerancia.


Palabras negativas: Obediencia. Limitación. Conservador. Intransigencia. Anticuado. Viejo. Pasado. Fracaso. Fanatismo.


A la hora de hacer un discurso, exponer un punto de vista, o defender una tesis, basta con componer unas frases convincentes, hábilmente aderezadas con palabras mágicas, para que suma un efecto asombroso. Por el contrario, si se desea descalificar algo o a alguien, basta construir unas frases adornadas de palabras negativas, para que el resultado no se haga esperar. En ambos casos, las razones objetivas o argumentos suelen brillar por su ausencia. Sin embargo, según las palabras utilizadas, la «argumentación» suena de modo bien distinto:


«La nueva reforma educativa se ha elaborado en un clima de libertad y diálogo. Sentará las bases para el éxito escolar y preparar a los jóvenes para progresar en su vida futura».


«La reforma educativa presenta viejas limitaciones, responde a planteamientos intransigentes y conllevará más fracaso escolar».


Tras la verborrea de las palabras, hay que discernir y detectar las razones y sinrazones de lo que se afirma. El lenguaje oral puede ser también, en algún caso, portador de virus contaminadores que una mente atenta debe aprender a detectar. Veamos un ejemplo característico. Podría denominarse como la «respuesta predeterminada». Consiste en plantear astutamente una cuestión cuya respuesta ya está prefigurada de antemano. Tal sería el caso de una pregunta formulada en los siguientes términos: «¿Es una locura tener hoy día más de dos hijos?». La respuesta que se pretende primar puede adivinarla el amable lector. Formúlese, sobre la misma cuestión, esta otra pregunta: « ¿Por qué los padres son tan poco generosos en relación al número de hijos? ». También aquí se orienta la respuesta intencionadamente. Un debate correcto, bien planteado, debería incidir en las causas y posibles soluciones del problema de la natalidad.


Influencia de los medios de comunicación. Vivimos en la era de la comunicación. Como suele ocurrir en todo proceso científico o cultural, los medios de comunicación -televisión, radio, prensa, etc.- pueden tener una incidencia positiva o negativa, según estén o no al servicio del bien de las personas. La televisión en concreto, el mundo de los vídeos, ha llegado a ser otro «miembro» familiar, que acapara quizá más la atención de todos. Hay que reconocer en ella, desde luego, elementos positivos:


Información;
Entretenimiento y diversión;
Actualidad;
Programas culturales;
Deportes, etc.


Puede, además, servir de vehículo para promover la solidaridad hacia otras personas, hacia la comunidad en general. De sobra es conocido el impacto de la imagen en las personas. Dado que los fenómenos se «ven», puede llegarse a creer que son siempre fiel reflejo de la realidad. Ahora bien, ¿cómo puede la televisión desvirtuar la realidad?


En primer lugar, mediante la selección de noticias, de programas. Según la tendencia política que controle el ente televisivo, interesará que aparezcan unas informaciones en detrimento de otras. De la misma manera, las programaciones de los diversos canales, responden a una determinada finalidad ideológica o comercial. La televisión puede primar la presencia de unos personajes de moda. Durante la adolescencia y juventud, una etapa donde se buscan modelos de conducta, los hijos se pueden ver asediados por imágenes que reflejan unas conductas poco recomendables. Hay un bombardeo continuo de publicidad que incita al consumo, presentando un mundo placentero y refinado. Escenas repetidas de violencia, sexo y conductas fáciles, sin demasiados escrúpulos morales. Se puede caer también en la tentación de instrumentalizar este medio al servicio de intereses políticos: cómo crear o canalizar estados de opinión, intentando concienciar hacia determinados posicionamientos partidistas. La televisión puede también presentar otros aspectos perjudiciales: favorecer la pasividad, adormecer la creatividad, aislar a las personas, pérdida de tiempo, pérdida de interés por el estudio o lectura, etc. ¿Qué se puede hacer? Únicamente destacaremos aquí lo siguiente:


- Informarse anticipadamente de los programas;
- hacer una selección con criterios válidos;
- limitar el tiempo;
- comentar conjuntamente con los hijos algunos programas;
- contrastar las informaciones;
- crear una videoteca selecta, etc.


De otro lado, buscar otras alternativas a la televisión:


- Organizar tertulias familiares;
- lectura de libros interesantes;
- práctica de deportes;
- actividades al servicio de los demás.


La conclusión sería, en definitiva: Ser Más Inteligentes Que La Televisión.


Algo similar ocurre con los diarios y revistas. Detrás de cada uno de ellos, hay una determinada línea editorial. Los hechos son como son; no obstante, una misma noticia puede ser presentada de modo diferente según el medio que la difunde. Debemos ayudar a nuestros hijos mayores a distinguir mensajes explícitos e implícitos. A diferenciar información, argumentación, persuasión, etc. ¿Cómo? Es cuestión de un poco de tiempo, atención y paciencia. Algunas indicaciones concretas:


Contrastar la información entre varios diarios;
Comparar las noticias que son relevantes para cada prensa;
Analizar el grado de objetividad y la argumentación de algunos artículos;
Valorar si se respeta a las personas, o por el contrario es frecuente la difamación, el sensacionalismo;
Comprobar si las informaciones son completas, contrastándolas con otra fuente (documento, libro...), o, por el contrario, son sesgadas y parciales.


Es usual, en cierto tipo de revistas, sacar a la luz la vida privada de «famosos». Los hay dotados de excelentes cualidades humanas. Pero también otros manifiestan una conducta o ideas poco acordes con el buen gusto y la ley moral natural. Parece de elemental prudencia saber distinguir entre la admiración a un cantante, actor deportista, etcétera, y sus actitudes u opiniones personales. Por lo demás, hay en el mercado una serie de revistas que viven de explotar los instintos primarios, son subproductos que degradan a las personas, y que realmente, ni invitan a pensar ni aportan nada positivo. Por lo tanto, en lo que atañe a los medios gráficos de información, lo más sensato es: ADQUIRIR LA PRENSA QUE DESTACA POR SU PROFESIONALIDAD, INDEPENDENCIA Y OBJETIVIDAD ADQUIRIR REVISTAS QUE PROMUEVEN VALORES POSITIVOS


Falacias Argumentativas. A sabiendas o no, hay personas que en la vida corriente utilizan argumentos falsos para sostener unas tesis que en realidad son poco sólidas. Se exponen a continuación las falacias más frecuentes, a fin de que sus hijos las sepan detectar y contrarrestar.


1. Generalización inadecuada. La generalización es un razonamiento inductivo muy útil en multitud de ocasiones. Generalizar es razonable, siempre que haya una base sólida de datos o experiencias, y siempre que ante una nueva evidencia o nuevos datos se esté dispuesto a modificar o cambiar la antigua generalización. Hay ocasiones, sin embargo, en que la generalización resulta falsa o poco probable, porque se basa en unos cuantos hechos aislados o casos muy puntuales. Por ejemplo:


«Los estudiantes son unos vagos ».
«Los periódicos dicen mentiras. »
«Los políticos son unos personajes corruptos.»


Evidentemente, del hecho de que «algunos» sean... no se infiere que «todos» sean...


2. Argumento contra la persona. Es un tipo de argumento muy frecuente y de gran poder persuasivo. En lugar de presentar las razones pertinentes en contra de una determinada opinión, se intenta refutarla criticando a la persona que la mantiene, o circunstancias que le afectan personalmente. Por ejemplo: «El señor 'X' afirma que es peligroso que las jóvenes vuelvan a casa a altas horas de la madrugada. Ahora bien, ya sabemos que ese señor es padre de familia». La idea que subyace en esta falacia es que si alguien tiene un interés particular en algo por razón de su profesión, situación familiar, etc., no puede ser objetivo sobre aquella cuestión; lo cual no siempre es cierto.


3. Argumento de la autoridad. Creer en algo por la autoridad de quien lo cuenta es lo normal, se da con mucha frecuencia. Una persona con autoridad (prestigio reconocido, conocimientos) puede efectuar afirmaciones que merecen ser tenidas en consideración. Un médico es un experto en medicina y, por tanto, una autoridad en su especialidad. Lo mismo se podría decir de un juez, un profesor, etc. Ahora bien, no todos los expertos tienen la misma cualificación; habrá que ponderar razones, actuar con prudencia. La falacia, y por tanto la debilidad del supuesto argumento, se hace patente cuando se recurre a una «autoridad» que poco o nada tiene que ver con el tema. Se cae en este tipo de falacia siempre que un científico, intelectual, artista o persona «famosa», sostiene opiniones sobre cuestiones ajenas al motivo de su competencia o notoriedad.


4. Falacia del poder. Se atribuye a aquellos argumentos que apelan a la fuerza o poder (económico, político, militar, etc.), como razón convincente para persuadir sobre la conveniencia de una afirmación. Suele utilizarse cuando no se tienen argumentos racionales, o cuando éstos no han dado resultado. Por ejemplo: «Estarán de acuerdo conmigo en que no es conveniente subir los sueldos. No parece que en las actuales circunstancias, la venta de mis acciones pueda beneficiar los intereses de los trabajadores». Obsérvese que en lugar de ofrecer argumentos, lo que hay es una velada amenaza.


5. Cortina de humo o táctica de distracción. Son intentos de apartar a las personas del nudo central de la discusión, llevándola a otro terreno que no guarda relación con el caso. Por ejemplo:


« Me parece muy bien que se hable de la inseguridad ciudadana; pero ¿qué me dicen del hambre en África?».


Una variante es tratar de desacreditar los argumentos del interlocutor llevando la atención a algún aspecto trivial, que no afecta sustancialmente a lo que se quiere demostrar:


«Dice usted que ese país dispone de 5.000 cabezas nucleares. De hecho, sólo dispone de 4.900. Es obvio que no sabe de lo que está hablando».



6. Réplica irónica. En vez de responder con razones a un comentario o afirmación, la persona en cuestión hace una réplica burlesca, con la pretensión de ridiculizar el argumento del interlocutor. Por ejemplo: Unos padres se quejan de que en la entrada de unos colegios hay individuos que venden droga. A lo cual se les responde: «Quizá preferirán que los profesores den las clases en su sala de estar». Es suficiente. No se pretende hacer un catálogo completo de falacias o falsos argumentos; menos aún, de ir a la caza de brujas. Simplemente, se trata de ir adquiriendo un sano sentido crítico, de reflexionar sobre qué se dice y por qué, no ser excesivamente ingenuos para no dejarse convencer por el último que hace uso de la palabra. Se trataría, en suma, de ser amigos de las personas sin faltar a la verdad.


PREGUNTAS Y RESPUESTAS. A veces encargan a los hijos lecturas obligatorias en el Instituto o en la Universidad. ¿Qué criterios seguir? Puede ocurrir, efectivamente, que tu hijo tenga que leer un determinado libro, propuesto por algún profesor donde cursa estudios. Y ciertamente, hay libros que son claramente perjudiciales. ¿Qué hacer? Caben varias soluciones:


Localizar otro documento (libro, ficha bibliográfica) que valore con objetividad el libro propuesto;
Indagar si hay recensiones o resúmenes que eviten la lectura directa y detallada del mismo;
Leer otro libro sobre la misma materia; comparar y contrastar argumentaciones;
Consultar a profesionales competentes en la materia;
Dialogar con el hijo sobre el contenido del trabajo a realizar.


En los medios de comunicación, a veces se presentan novedades científicas de discutible aplicación a las personas; por ejemplo, el avance de la biogenética y sus aplicaciones en el campo de la fecundación artificial.


¿Cómo hacer reflexionar a los hijos con objetividad? La solución genérica es mediante el diálogo, las preguntas y observaciones inteligentes, buscando apoyos sólidos. En el caso concreto que se cita, se presenta como una vía científica para solucionar problemas de esterilidad. Sobre esta cuestión, y otros temas de actualidad, hay colecciones asequibles y rigurosas que dan unos criterios fundamentados. Por lo demás, la reflexión puede girar en los siguientes términos:


¿Todo lo que científicamente se puede hacer, se debe hacer?;
¿Es realmente un progreso atentar contra la integridad de las personas en cualquier momento de su vida, esto es, desde la concepción hasta la muerte natural?;
¿El fin justifica cualquier tipo de medios?, ¿qué medios se utilizan?, ¿hay medios que son intrínsecamente malos?, ¿cuáles son?;
¿Hay otras alternativas científicas que ataquen de raíz el problema y estén acordes con la dignidad de la persona?


Algunos Objetivos De Planes De Acción


1. Ejercitar la capacidad crítica, a través de la lectura. Leer el mismo libro, padre/madre e hijo. Posteriormente:


Pedirle su opinión razonada;
Analizar cómo son los personajes, sus actitudes;
Preguntarle por los aspectos positivos y negativos;
Ayudarle a detectar verdades a medias;
Hacerle notar la intención del autor;
Qué concepción de la vida tiene el autor;
Qué valores intenta transmitir, etc.


2. Recoger los titulares de varios medios de comunicación (diarios, revistas, programas de radio), correspondientes a un día concreto. A continuación, conjuntamente con los hijos:


Contrastar las informaciones;
Comparar lo que se destaca en cada medio;
Lenguaje utilizado, etc.


3. Comentar críticamente con los hijos algunos programas o anuncios de la televisión:


Detectar la finalidad del mensaje;
Valorar determinados aspectos: consumismo, violencia, personas-objeto, etc.;
Qué falta, qué sobra, etc.


4. Animar y ayudar a los hijos para que detecten algunas falacias o argumentos falsos, basándose en algún canal de comunicación:


Un debate televisivo; Un mitin o discurso político; Un artículo de prensa; Una entrevista a un personaje; Un programa radiofónico, etc.


5. Alternativas positivas que contrarresten el aislamiento y la paralización mental de la televisión, videojuegos, etc. Promover y estimular en los hijos la participación en:


Asociaciones culturales, deportivas, sociales, políticas; Clubes de opinión; aprender a defender y difundir razonadamente las ideas propias; Colaboración en parroquias, clubes, centros especiales; Participación en movimientos de defensa y protección de los derechos humanos; Grupos o instituciones de ayuda a los más pobres, a ancianos, enfermos, inmigrantes, etc.


Un Ejemplo: El Caso Pablo


PADRE: ¿Qué tal van las cosas, Pablo?


HIJO: Voy apenas. Las mates aún se me resisten...


P.: Ya hablamos de esa asignatura, y propusiste unas cuantas soluciones; es cuestión de constancia. ¿Y los amigos? Ayer te telefoneó Juan. ¿Has hablado con él últimamente?


H.: No; es que ahora estoy saliendo con otros chicos más «guais».


P.: ¿Ah sí? ¿Y por qué no los invitas un día a casa?


H.: Es que vosotros sois un poco anticuados, papá, y a lo mejor no os caen bien.


P.: ¿Por qué? ¿Tan raros son?


H.: Para mí, no. Son unos tíos estupendos. Son ecologistas; defienden el medio ambiente, la vida de los animales, quieren un planeta limpio de humo y residuos tóxicos.


P.: ¡Hombre!, eso está muy bien. ¿Qué clase de ecologistas son?


H.: ¿A qué te refieres? Son... ecologistas, verdes.


P.: Sí, claro, pero tú ya sabes que hay varios movimientos ecologistas, con diferentes planteamientos e ideologías. ¿No les has preguntado?


H.: Pues no. ¡Ya me lo pensaré!


P.: ¿Son chicos coherentes con sus ideas?


H.: ¡Y tanto! No fuman, utilizan productos ecológicos, protestan contra los atentados a la naturaleza...


P.: Defienden también la vida humana?


H.: ¿Qué quieres decir? ¿Te refieres al rollo del aborto?


P.: Mira, Pablo, ¿qué crees que tiene más valor, la vida humana, o la de las plantas y animales?


H.: Tú ya lo sabes, papá; pero, ¿cómo viviríamos en un mundo contaminado?


P.: Te contesto con una pregunta: ¿qué es más coherente, proteger toda vida, especialmente la de los seres humanos, o defender sólo algunas especies de la vida planetaria?


H.: Reconozco que es mejor defender toda vida, sobre todo a las personas. Pero, ¿qué me dices de la xenofobia, del racismo? ¿Acaso no hay personas «coherentes» que en la práctica son racistas?


P.: Tienes razón. No son realmente coherentes. El racismo es contrario a la dignidad de la persona. Tenemos la obligación de acoger y ayudar a los más necesitados. Pero no acabo de ver la relación entre la defensa de la vida y la acusación que haces del racismo.


H.: Papa, es para que veas que no solo mis amigos verdes son incoherentes.


P.: Eres listo, Pablo. Te has dado cuenta de que hay que tener" una escala de valores, que las personas son lo más importante. El tema del racismo tiene una problemática cuyas causas podríamos discutirlas en la próxima tertulia.


H.: Así qué... ¿invito a mis amigos a merendar a casa?


P.: Claro que sí. También a mí me interesa la protección del medio ambiente. Por cierto, te voy a dejar un libro sobre este tema que quizá te interese. Así, cuando hables con tus amigos, podrás demostrar que estás enterado...


Comentario. En el presente diálogo, el padre intenta hacer reflexionar a su hijo adolescente. Destacan tres puntos básicos:


Primero, ayudarle a reflexionar sobre las ideologías que sustentan cada movimiento ecologista.


Segundo, analizar si es coherente defender el medio ambiente, la vida animal, y, al mismo tiempo aceptar que se atente contra la vida humana. Reflexionar sobre una escala de valores donde la persona esté por encima de las cosas, aunque deba respetarlas.


Tercero, que el hijo tome conciencia de las razones o argumentos que utiliza para defender una opinión. En este caso, Pablo ha intentado argumentar aludiendo a otro tema -el racismo- que no guarda relación directa con el ecologismo. Finalmente, es positivo conocer a los amigos de nuestros hijos. Una manera es procurar que vengan a casa.







sábado, 9 de enero de 2010

COMUNION DE LOS SANTOS


COMUNION DE LOS SANTOS



Hay tres estados en la Iglesia:


1- La iglesia peregrina en la tierra, estos somos nosotros hasta el día de nuestra muerte.


2- La iglesia purgante (en el purgatorio), son los difuntos que aun no han ido al cielo. Por estos oramos el día de los difuntos, el 2 de noviembre.


3- la iglesia triunfante, ya glorificada en el cielo, estos son los santos que celebramos el 1 de Noviembre..


"Así pues, hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando 'claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es." (LG #49)


Dice el Catecismo de la Iglesia Católica, citando L.G. #49: "Como todos los creyentes formamos un solo cuerpo, es decir, (los del cielo y los de la tierra), el bien de los unos se comunica a los otros... es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza... Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia".


"La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más, aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales".


¿Qué significa esta cita de Lumen Gentium?


1. Los santos interceden por nosotros:


Como ellos están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio de Jesucristo, los méritos que adquirieron en la tierra a través de sus vidas de santidad, de virtud, de buenas obras y de sufrimiento. Su solicitud fraterna ayuda, pues nuestra debilidad. (LG #49)


2. La comunión de los santos:


No sólo veneramos el recuerdo de los del cielo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea forzada por la práctica del amor fraterno. Dice San Bernardo Abad, en uno de sus sermones (oficio del día de todos los santos):


¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos?


¿De qué les sirven los honores terrenos o nuestros elogios, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo?


Los santos no necesitan de nuestros honores, mas sin embargo, la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro. Despierta en nosotros dos deseos:


1. El de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos con los bienaventurados, santos, patriarcas, mártires, apóstoles, confesores, las vírgenes, para resumir, asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos.


2. Que como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria.

3. La comunión con los difuntos:


"La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones - pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados - (2 Ma 12:45)" (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.


CONCLUSIÓN:


"Creemos en la comunión de todos los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones" (SPF 30).





LA COMUNION DE LOS SANTOS
Fuente: ©L'Osservatore Romano - 7 de noviembre de 1997


Meditación del Papa Juan Pablo II en el Ángelus del 1 de noviembre 1997 día de la solemnidad de Todos los Santos.


Amadísimos hermanos y hermanas:


1. Los primeros dos días del mes de noviembre constituyen para el pueblo cristiano un momento intenso de fe y oración, que pone de relieve de modo singular la orientación "escatológica" recordada con fuerza por el concilio Vaticano II (cf. Lumen gentium, cap. VII). En efecto, al celebrar a todos los santos y al conmemorar a todos los fieles difuntos, la Iglesia peregrina en la tierra vive y expresa en la liturgia el vínculo espiritual que la une a la Iglesia celestial.


Hoy rendimos honor a los santos de todos los tiempos, mientras ya dirigimos oraciones en sufragio de nuestros queridos difuntos, visitando los cementerios. ¡Cómo nos consuela pensar que nuestros seres queridos, ya fallecidos, están en compañía de María, de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores de la fe, de las vírgenes y de todos los santos y santas del paraíso!


2. La solemnidad de hoy nos ayuda así a profundizar una verdad fundamental de la fe cristiana, que profesamos en el "Credo": la "comunión de los santos". A este propósito, el concilio Vaticano II afirma: "Todos los de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en él (cf. Ef 4, 16). Por tanto, la unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales (...). Su preocupación de hermanos ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (Lumen gentium, 49).


Esta admirable comunión se realiza del modo más alto e intenso en la divina liturgia y, sobre todo, en la celebración del sacrificio eucarístico: en él "nos unimos de la manera más perfecta al culto de la Iglesia del cielo: reunidos en comunión, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor; la de su esposo san José; la de todos los santos Apóstoles y mártires y la de todos los santos" (ib., 50).



3. En la gloriosa asamblea de los santos, Dios quiso reservar el primer lugar a la Madre del Verbo encarnado. A lo largo de los siglos y en la eternidad María sigue estando en la cumbre de la comunión de los santos, como protectora singular del vínculo de la Iglesia universal con Cristo, su Señor. Para quien quiere seguir a Jesús por el camino del Evangelio, la Virgen es la guía segura y experta, la Madre solícita y atenta a la que puede confiar todos sus deseos y dificultades.


Pidamos juntos a la Reina de todos los santos que nos ayude a responder con generosa fidelidad a Dios, que nos llama a ser santos como él es santo (cf. Lv 19, 2; Mt 5, 48).








CREDO DEL PUEBLO DE DIOS


CREDO DEL PUEBLO DE DIOS

Profesión de fe del Papa Pablo VI (1)
Tomado de: Devocionario Católico


1. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu.


2. Creemos que este Dios único es absolutamente uno.


3. Creemos en el Padre que engendra al Hijo desde toda la eternidad.


4. Creemos en nuestro Señor Jesucristo, que es el Hijo de Dios.


5. Creemos en el Espíritu Santo, que es Señor y da la vida.


6. Creemos que María es la Madre, siempre Virgen, del Verbo Encarnado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo.


7. Creemos que en Adán todos pecaron.


8. Creemos que Nuestro Señor Jesucristo por el Sacrificio de la Cruz nos rescató del pecado original y de todos los pecados personales.


9. Creemos en un solo Bautismo, instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados.


10. Creemos en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra que es Pedro.


11. Creemos todo lo que está contenido en la Palabra de Dios escrita o transmitida.


12. Creemos en la infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro.


13. Creemos que la Iglesia es indefectiblemente una en la fe, en el culto y en el vínculo de la comunión jerárquica.


14. Creemos que la Iglesia es necesaria para salvarse.


15. Creemos que la Misa es el Sacrificio del Calvario.


16. Creemos que el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo glorioso.


17. Confesamos que el Reino de Dios iniciado aquí abajo en la Iglesia de Cristo no es de este mundo.


18. Creemos en la vida eterna.


19. Creemos que la multitud de aquellos que se encuentran reunidos en torno a Jesús y a María en el Paraíso, forman la Iglesia del cielo.


20. Creemos en la comunión de todos los fieles de Cristo.


1. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles como es este mundo en el que transcurre nuestra vida pasajera, de las cosas invisibles como los espíritus puros que reciben también el nombre de ángeles (Cf. Dz. Sch., 3002) y Creador en cada hombre de un alma espiritual e inmortal.

2. Creemos que este Dios único es absolutamente uno en su esencia infinitamente santa al igual que en todas sus perfecciones, en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y en su amor. "Él es el que es", como lo ha revelado a Moisés ( Cf. Ex., 3,14); y "Él es Amor", como el apóstol Juan nos lo enseña (Cf. 1 Jn., 4,8); de forma que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma Realidad divina de Aquél que ha querido darse a conocer a nosotros y que, "habitando en una luz inaccesible" (Cf. 1 Tim., 6,16) está en sí mismo por encima de todo nombre, de todas las cosas y de toda inteligencia creada. Solamente Dios nos puede dar ese conocimiento justo y pleno de sí mismo revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por gracia a participar, aquí abajo en la oscuridad de la fe y más allá de la muerte en la luz eterna. Los mutuos vínculos que constituyen eternamente las Tres Personas, siendo cada una el solo y el mismo Ser divino, son la bienaventurada vida íntima del Dios tres veces santo, infinitamente superior a lo que podemos conocer con la capacidad humana (Cf. Dz. Sch. 804). Damos con todo gracias a la Bondad divina por el hecho de que gran número de creyentes puedan atestiguar juntamente con nosotros delante de los hombres la Unidad de Dios, aunque no conozcan el Misterio de la Santísima Trinidad.


3. Creemos en el Padre que engendra al Hijo desde toda la eternidad; en el Hijo, Verbo de Dios, que es eternamente engendrado; en el Espíritu Santo, Persona increada, que procede del Padre y del Hijo, como eterno Amor de ellos. De este modo en las Tres Personas divinas, "coaeternae sibi et coaequales" [eternas e iguales entre sí] (Cf. Dz. Sch., 75), sobreabundan y se consuman en la eminencia y la gloria, propias del Ser increado, la vida y la bienaventuranza de Dios perfectamente uno, y siempre "se debe venerar la Unidad en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad. (Cf. Dz. Sch., 75)


4. Creemos en nuestro Señor Jesucristo, que es el Hijo de Dios. Él es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, "homoousios to Patri" (Cf. Dz. Sch., 150), y por quien todo ha sido hecho. Se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, e inferior al Padre según la humanidad (Cf. Dz. Sch., 76), y uno en sí mismo (no por una imposible confusión de las dos naturalezas, sino) por la unidad de la persona (Cf. Dz., Sch. 76). Habitó entre nosotros, con plenitud de gracia y de verdad. Anunció e instauró el Reino de Dios y nos hizo conocer en Él al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo: amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. Nos enseñó el camino de las Bienaventuranzas del Evangelio: la pobreza de espíritu, la mansedumbre, el dolor soportado con paciencia, la sed de justicia, la misericordia, la pureza de corazón, la voluntad de paz, la persecución soportada por la justicia. Padeció en tiempos de Poncio Pilato, como Cordero de Dios, que lleva sobre sí los pecados del mundo, y murió por nosotros en la cruz, salvándonos con su Sangre redentora. Fue sepultado y por su propio poder resucitó al tercer día, elevándonos por su Resurrección a la participación de la vida divina que es la vida de la gracia. Subió al cielo y vendrá de nuevo, esta vez con gloria, para juzgar a vivos y muertos, a cada uno según sus méritos: quiénes correspondieron al Amor y a la Misericordia de Dios irán a !a vida eterna; quienes lo rechazaron hasta el fin, al fuego inextinguible. Y su Reino no tendrá fin.


5. Creemos en el Espíritu Santo, que es Señor y da la vida, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria. Él nos ha hablado por los Profetas y ha sido enviado a nosotros por Cristo después de su Resurrección y su Ascensión al Padre; Él ilumina, vivifica, protege y guía la Iglesia, purificando sus miembros si éstos no se sustraen a la gracia. Su acción, que penetra hasta lo más intimo del alma, tiene el poder de hacer al hombre capaz de corresponder a la llamada de Jesús: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto."


6. Creemos que María es la Madre, siempre Virgen, del Verbo Encarnado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo (Cf. Dz. Sch., 251-252), y que por virtud de esta elección singular, Ella ha sido, en atención a los méritos de su Hijo, redimida de modo eminente (Cf. Lumen Gentium, 53), preservada de toda mancha de pecado original (Cf. Dz. Sch., 2803) y colmada del don de la gracia más que todas las demás criaturas (Cf. Lumen Gentium, 53). Asociada por un vínculo estrecho e indisoluble a los Misterios de la Encarnación y de la Redención (Cf. Lumen Gentium, 53, 58, 61), la Santísima Virgen, la Inmaculada, ha sido elevada al final de su vida terrena en cuerpo y alma a la gloria celestial (Cf. Dz. Sch., 3903) y configurada con su Hijo resucitado en la anticipación del destino futuro de todos los justos. Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia (Cf. Lumen Gentium, 53, 56, 61, 63; Pablo VI, "Aloc. en la clausura de la III Sección del Concilio Vat. II": AAS LVI (1964 1016); Exhort. Apost. "Signum Magnum", Introd.), continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos (Cf. Lumen Gentium" 62; Pablo VI, Exhort. Apost. "Signum Magnum", P. 1, n. 1).


7. Creemos que en Adán todos pecaron, lo cual quiere decir que la falta original cometida por él hizo caer a la naturaleza humana, común a todos los hombres, en un estado en que experimenta las consecuencias de esta falta y que no es aquel en el que se hallaba la naturaleza al principio en nuestros padres, creados en santidad y justicia y en el que el hombre no conocía ni el mal ni la muerte. Esta naturaleza humana caída, despojada de la vestidura de la gracia, herida en sus propias fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte se transmite a todos los hombres y en este sentido todo hombre nace en pecado. Sostenemos, pues, con el Concilio de Trento que el pecado original se transmite con la naturaleza humana "no por imitación, sino por propagación" y que por tanto "es propio de cada uno" (Cf. Dz. Sch., 1513).


8. Creemos que Nuestro Señor Jesucristo por el Sacrificio de la Cruz nos rescató del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que, según afirma el Apóstol, "donde había abundado el pecado, sobreabunde la gracia" (Cf. Rom., 5,20).


9. Creemos en un solo Bautismo, instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. El bautismo se debe administrar también a los niños que todavía no son culpables de pecados personales, para que, habiendo sido privados de la gracia sobrenatural, renazcan "del agua y del Espíritu Santo" a la vida divina en Cristo Jesús (Cf. Dz. Sch., 1514).


10. Creemos en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra que es Pedro. Ella es el Cuerpo Místico de Cristo, al mismo tiempo sociedad visible, instituida con organismos jerárquicos, y comunidad espiritual; la Iglesia terrestre, el Pueblo de Dios peregrino aquí abajo y la Iglesia colmada de bienes celestiales, el germen y las primicias del Reino de Dios, por el que se continúa a lo largo de la historia de la humanidad la obra y los dolores de la Redención y que tiende a su realización perfecta más allá del tiempo en la gloria (Cf. Lumen Gentium, 8 y 5). En el correr de los siglos, Jesús, el Señor, va formando su Iglesia por los sacramentos, que emanan de su Plenitud (Cf. Lumen Gentium, 7.11). Por ellos hace participar a sus miembros en los misterios de la Muerte y de la Resurrección de Cristo, en la gracia del Espíritu Santo, fuente de vida y de actividad (Cf. Sacrosanctum Concilium, 5,6; Lumen Gentium, 7, 12, 50). Ella es, pues, santa, aun albergando en su seno a los pecadores, porque no tiene otra vida que la de la gracia: es, viviendo esta vida, como sus miembros se santifican; y es, sustrayéndose a esta misma vida, como caen en el pecado y en los desórdenes que obstaculizan la irradiación de su santidad. Y es por esto que la Iglesia sufre y hace penitencia por tales faltas que ella tiene el poder de curar en sus hijos en virtud de la Sangre de Cristo y del Don del Espíritu Santo. Heredera de las promesas divinas e hija de Abrahán según el Espíritu, por aquel Israel cuyas Escrituras guarda con amor y cuyos Patriarcas y Profetas venera: fundada sobre los Apóstoles y transmitiendo de generación en generación su palabra siempre viva y sus poderes de Pastores en el Sucesor de Pedro y los Obispos en comunión con él; asistida perennemente por el Espíritu Santo, tiene el encargo de guardar, enseñar, explicar y difundir la Verdad que Dios ha revelado de una manera todavía velada por los Profetas y plenamente por Cristo Jesús.


11. Creemos todo lo que está contenido en la Palabra de Dios escrita o transmitida y que la Iglesia propone para creer como divinamente revelado, sea por una definición solemne, sea por el magisterio ordinario y universal (Cf. Dz. Sch., 3011).


12. Creemos en la infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro, cuando enseña ex cathedra [desde la cátedra] como Pastor y Maestro de todos los fieles (Cf. Dz. Sch., 3074) y de la que está asistido también el Cuerpo de los Obispos cuando ejerce el magisterio supremo en unión con él (Cf. Lumen Gentium, 25).


13. Creemos que la Iglesia fundada por Cristo Jesús, y por la cual El oró, es indefectiblemente una en la fe, en el culto y en el vínculo de la comunión jerárquica. Dentro de esta Iglesia, la rica variedad de ritos litúrgicos y la legítima diversidad de patrimonios teológicos y espirituales, y de disciplinas particulares, lejos de perjudicar a su unidad, la manifiesta ventajosamente (Cf. Lumen Gentium, 23; Orientalium Ecclesiarum, 2, 3, 5, 6). Reconociendo también, fuera del organismo de la Iglesia de Cristo, la existencia de numerosos elementos de verdad y de santificación que le pertenecen en propiedad y que tienden a la unidad católica (Cf. Lumen Gentium, 8) y creyendo en la acción del Espíritu Santo que suscita en el corazón de los discípulos de Cristo el amor a esta unidad (Cf. Lumen Gentium, 15), Nos abrigamos la esperanza de que los cristianos que no están todavía en plena comunión con la Iglesia única se reunirán un día en un solo rebaño con un solo Pastor.


14. Creemos que la Iglesia es necesaria para salvarse, porque Cristo, el solo Mediador y Camino de salvación, se hace presente para nosotros en su Cuerpo que es la Iglesia (Cf. Lumen Gentium, 14). Pero el designio divino de la salvación abarca a todos los hombres; y los que sin culpa por su parte ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sinceridad y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan por cumplir su voluntad conocida mediante la voz de la conciencia, éstos, cuyo número sólo Dios conoce, pueden obtener la salvación (Cf. Lumen Gentium, 16).


15. Creemos que la Misa celebrada por el sacerdote, representante de la persona de Cristo, en virtud del poder recibido por el sacramento del Orden, y ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo Místico, es el Sacrificio del Calvario, hecho presente sacramentalmente en nuestros altares.


16. Creemos que del mismo modo que el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su Cuerpo y en su Sangre, que iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo glorioso, y reinante en el cielo, y creemos que la misteriosa presencia del Señor, bajo lo que sigue apareciendo a nuestros sentidos igual que antes, es una presencia verdadera, real y sustancial (Cf. Dz. Sch., 1651). Cristo no puede estar así presente en este Sacramento más que por la conversión de la realidad misma del pan en su cuerpo y por la conversión de la realidad misma del vino en su Sangre, quedando solamente inmutadas las propiedades del pan y del vino, percibidas por nuestros sentidos. Este cambio misterioso es llamado por la Iglesia, de una manera muy apropiada, "transustanciación". Toda explicación teológica que intente buscar alguna inteligencia de este misterio, para estar de acuerdo con la fe católica debe mantener que en la realidad misma, independientemente de nuestro espíritu, el pan y el vino han dejado de existir después de la consagración, de suerte que el Cuerpo y la Sangre adorables de Cristo Jesús son los que están desde ese momento realmente delante de nosotros bajo las especies sacramentales del pan y del vino (Cf. Dz. Sch., 1642, 1651-1654; Pablo VI, Enc. "Mysterium Fidei"), como el Señor ha querido para darse a nosotros en alimento y para asociarnos en la unidad de su Cuerpo Místico (Cf. S. Th., III, 73,3). La existencia única e indivisible del Señor en el cielo no se multiplica, sino que se hace presente por el Sacramento en los numerosos lugares de la tierra donde se celebra la Misa. Y sigue presente, después del sacrificio, en el Santísimo Sacramento que está en el tabernáculo, corazón viviente de cada una de nuestras iglesias. Es para nosotros un dulcísimo deber honrar y adorar en la santa Hostia que ven nuestros ojos al Verbo Encarnado que no pueden ver, el cual sin abandonar el cielo se ha hecho presente ante nosotros.


17. Confesamos que el Reino de Dios iniciado aquí abajo en la Iglesia de Cristo no es de este mundo, cuya figura pasa, y que su crecimiento propio no puede confundirse con el progreso de la civilización, de la ciencia o de las técnicas humanas, sino que consiste en conocer cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en esperar cada vez con más fuerza los bienes eternos, en corresponder cada vez más ardientemente al Amor de Dios, en dispensar cada vez más abundantemente la gracia y la santidad entre los hombres. Este mismo amor es el que impulsa a la Iglesia a preocuparse constantemente del verdadero bien temporal de los hombres. Sin cesar de recordar a sus hijos que ellos no tienen una morada permanente en este mundo, los alienta también, en conformidad con la vocación y los medios de cada uno, a contribuir al bien de la ciudad terrenal, a promover la justicia, la paz y la fraternidad entre los hombres, a prodigar ayuda a sus hermanos, en particular a los más pobres y desgraciados. La intensa solicitud de la Iglesia, Esposa de Cristo, por las necesidades de los hombres, por sus alegrías y esperanzas, por sus penas y esfuerzos, nace del gran deseo que tiene de estar presente entre ellos para iluminarlos con la luz de Cristo y juntar a todos en El, su único Salvador. Pero esta actitud nunca podrá comportar que la Iglesia se conforme con las cosas de este mundo ni que disminuya el ardor de la espera de su Señor y del Reino eterno.


18. Creemos en la vida eterna. Creemos que las almas de cuantos mueren en la gracia de Cristo –y a las que todavía deben ser purificadas en el purgatorio, ya las que desde el instante en que dejan los cuerpos son llevadas por Jesús al Paraíso como hizo con el buen ladrón-, constituyen el Pueblo de Dios más allá de la muerte la cual será definitivamente vencida en el día de la resurrección cuando esas almas se unirán de nuevo a sus cuerpos.


19. Creemos que la multitud de aquellos que se encuentran reunidos en torno a Jesús y a María en el Paraíso, forman la Iglesia del cielo donde, en eterna bienaventuranza, ven a Dios tal como es (Cf. 1 Jn., 3,2; Dz. Sch., 1000) y donde se encuentran asociadas, en grados diversos, con los santos Ángeles al gobierno divino ejercido por Cristo en la gloria, intercediendo por nosotros y ayudando nuestra flaqueza mediante su solicitud fraternal (Cf. Lumen Gentium, 49).


20. Creemos en la comunión de todos los fieles de Cristo, de los que aún peregrinan en la tierra, de los difuntos que cumplen su purificación, de los bienaventurados del cielo, formando todos juntos una sola Iglesia; y creemos que en esta comunión el amor misericordioso de Dios y de los Santos escucha siempre nuestras plegarias, como el mismo Jesús nos ha dicho: Pedid y recibiréis (Cf. Luc. 10,9-10; Jn., 16,24). De esta forma, con esta fe y esperanza, esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. ¡Bendito sea Dios, tres veces santo! Amén.


PABLO VI, Papa. Basílica de San Pedro. 30 de junio de 1968


Notas. (1). Cumpliendo con el mandato de Cristo a Pedro, a saber, la de confirmar a sus hermanos en la fe (1 Tim. 6,20), el sumo Pontífice Pablo VI pronunció el 30 de junio de 1968 una solemenme profesión de fe que explica y recoge el contenido del Credo o símbolo Niceno. Desde entonces el texto ha sido un excelente punto de referencia para discernir cual es la verdadera doctrina católica en tiempos de confusión.