KATOLICOSDELAPASCUA.BLOGSPOT.COM

KATOLICOSDELAPASCUA.BLOGSPOT.COM
EL PRIMER BLOG CATÓLICO DE VALLE DE LA PASCUA...







martes, 1 de diciembre de 2009

Decálogo para el Adviento



Decálogo para el Adviento



1. Prepara bien el camino de tu vida. Que el Señor, cuando llegue, lo encuentre limpio de rencor.


2. Arregla bien el interior de tu corazón. Que el Señor, cuando nazca, pueda encontrase con un lugar confortable.


3. Acondiciona bien el interior de tu mente. Que el Señor, cuando se acerque a ti, no te encuentre confundido y pervertido.


4. Limpia bien tus ojos. Que el Señor, cuando venga, no te encuentre tan distraído con las cosas, que no te des cuenta de que ya ha llegado.


5. Conforma bien tu fe. Que el Señor, cuando te escuche, compruebe que su Palabra ha dejado algo positivo en ti.


6. Alimenta bien tu mesa. Que el Señor, cuando se siente, vea que la Eucaristía es algo imprescindible para tu vida.


7. Abre bien tus manos. Que el Señor, cuando llore, las encuentre abiertas para hacer el bien y para consolar.


8. Doblega bien tus rodillas. Que el Señor, cuando nazca, sienta que es importante para ti y, por lo tanto, le adores en espíritu y en verdad.


9. Modela bien tus sentimientos. Que el Señor, cuando te alcance, compruebe que has preparado con sobriedad y con ilusión su llegada.


10. Suelta bien tus pies. Que el Señor, cuando baje a Belén, cuente –además de con la presencia de los pastores- con tu oración, con tu amor, con tu fe y con tu esperanza.


¿Serás capaz de cumplir todo esto? ¡El Señor, tu fe, tu vida y tu Iglesia se lo merecen!





La Iglesia y la participación ciudadana




Por: Pbro. Dr. Pedro Gijs


La democracia se asocia con la independencia política de los grupos sociales intermedios. La diversidad de organizaciones e instituciones constituyen un pluralismo ideológico y social que enriquece la democracia. Los grupos sociales intermedios tienen sus propios fines y han de ser autónomos. Los unos colaboran con los otros en función del bien común. Una sociedad genuinamente libre está formada por personas y grupos gestores corresponsables de su propio crecimiento humano y activos participantes en la construcción de su futuro. Son una expresión de la vitalidad social y de la creciente responsabilidad de los hombres dentro de la sociedad. Por tal motivo han de ser promovidos ordenadamente. Con su negación desaparece también la subjetividad humana como lo muestra el socialismo real.


Los grupos intermedios proceden de la naturaleza humana. Hay una tendencia natural en los seres humanos de asociarse para alcanzar objetivos que superan la capacidad y los medios de los que disponen los individuos. Existen muchas necesidades humanas que no tienen valor en términos de mercado. Es un deber de la justicia y de la verdad de satisfacer estas necesidades. En función de estas urgencias surgen muchos grupos y movimientos espontáneos, también a nivel local, que desarrollan iniciativas culturales, religiosas y eclesiales, de asistencia social y médica, deportivas y recreativas, educativas, sindicalistas y muchas otras más que dan a la sociedad un carácter pluralista.


La existencia de estos grupos acarean efectos positivos tanto para las personas humanas como para el crecimiento de la democracia. Las libres asociaciones son un complemento natural para la persona porque responden a varios aspectos de perfección y constituyen un refugio para las personas en contra de la masificación provocada por la moderna organización productiva. Además contribuyen, en su gran mayoría como voluntarios, al desarrollo de la sociedad en la cual organizan servicios preciosos. Los grupos intermedios consolidan el principio democrático en su estructura y su funcionamiento interno y crean una mentalidad de responsabilidad y colaboración que son elementos esenciales para una verdadera democracia.


Un régimen democrático debe promover la participación de los ciudadanos en la organización política, económica y social en todos sus niveles. Es necesario que el ordenamiento jurídico incorpore a las comunidades particulares en la vida del Estado según el principio de subsidiariedad 1. El Estado no puede sustituir las asociaciones privadas y las agrupaciones intermedias, ni absorber el ordenamiento interno sino más bien debe respetarlas en la genuina fisonomía de sus estatutos, estimular y ayudar en el desarrollo original de sus actividades y coordinar las exigencias generales del bien común.


Contrario a estos principios es el sistema de un Estado asistencial excluyente y absorbente que provoca, como dice Juan Pablo II en su Encíclica Centesimus annus, pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir, con enorme crecimiento de los gastos. En este campo, la Iglesia, fiel al mandato de Cristo, su Fundador, está presente desde siempre con su palabra y sus obras, que tienden a ofrecer al hombre un apoyo material y espiritual que no lo humille ni lo reduzca a ser únicamente objeto de asistencia, sino que lo ayude a salir de su situación precaria promoviendo su dignidad de persona.


Nota. 1Una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándola de sus competencias, sino que más bien debe sostenerla en caso de necesidad y ayudarla a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales con miras al bien común.

El Santo Rosario



Por: Marco A Di Rupo B



“Rosario bendito de María, cadena dulce que nos unes con Dios” (Beato Bartolomé Longo)

El Rosario es la oración mariana por excelencia, con ella los fieles que formamos la gran familia católica podemos manifestar nuestra unión con Cristo a través de María, y de manera sublime, el amor, la devoción y el culto de veneración que le profesamos. Culmen de la espiritualidad mariana, si es “vivído” a plenitud nos conduce con fidelidad a la experiencia del Dios Uno y Trino.

“El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio” (Pablo VI, Exhort. ap. Marialis Cultus).

El siete de octubre celebramos la fiesta de “nuestra Señora del Rosario”, instituida primeramente por el Papa San Pío V como fiesta de “Nuestra Señora de las Victorias” en celebración de acción de gracias por la victoria (el siete de octubre de 1571) de la flota cristiana, en contra de la armada turca, en la decisiva batalla naval de Lepanto, donde estaba en juego el destino de la cristiandad, el Papa pidió en esa ocasión a los cristianos, rezar el Rosario por la Flota. Posteriormente Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de “Nuestra Señora del Rosario”. Es esta pues, ocasión propicia para reflexionar aunque sea brevemente sobre esta oración.

El Rosario forma parte de los Sacramentales, que son:

“signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida” (Catecismo de la Iglesia Católica N. 1667).

Los sacramentales santifican una gran variedad de momentos en la vida de las familias, las personas y las comunidades. Podemos celebrarlos cada vez que hay necesidad de la oración de la Iglesia y la bendición de Dios. Algunos sacramentales son: las bendiciones, los exorcismos, las consagraciones, las procesiones, el Vía Crucis, el Rosario, las Medallas, la Señal de la Cruz, el Escapulario, el Agua Bendita y la Velas. No debemos confundirlos con los Sacramentos, ya que estos fueron instituidos por Cristo, para otorgar la gracia, en cambio los sacramentales fueron instituidos por la Iglesia con la autoridad investida a ella por Cristo, para cumplir su misión. Los sacramentos confieren la gracia “ex opere operato” (por la misma acción del sacramento). Por su parte los sacramentales comunican la gracia “ex opere operantes ecclesiae” o sea, “por la acción de la Iglesia que obra”. Los sacramentales reciben su eficacia de los de la persona que reza y de los méritos y oraciones de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.

La palabra Rosario significa “Corona de Rosas”. Una antigua tradición afirma que las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, se vestían con sus ropas más vistosas y adornaban sus cabezas con coronas de rosas, símbolo de la alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas, y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. Pronto la Iglesia recomendó rezar este “Rosario” el cual consistía en sus orígenes, en recitar los ciento cincuenta salmos de David, sin embargo, esto sólo lo podían hacer las personas cultas, pero no la mayoría de los cristianos. Por eso, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, cambiaran los ciento cincuenta salmos por ciento cincuenta Avemarías, divididas en quince decenas. A este “rosario corto” se le llamó “salterio de la Virgen”.

El sacerdote dominico santo Domingo de Guzmán asceta y místico, fue el gran impulsor del rezo del Rosario, en el año 1208 la Madre de Dios en persona, se le apareció en una capilla que estaba junto a su convento, en su mano sostenía un Rosario, el cual le enseñó a rezar, diciéndole que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

En la actualidad el Rosario integro, consta de doscientas Avemarías, repartidas en veinte decenas. Al principio de cada decena, se reza un Padrenuestro y se medita alguno de los principales misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen, al terminar las diez Avemarías se reza el Gloriapatri. El rosario se debe rezar con constancia, respeto, no atropelladamente, con veneración y atención devota, haciendo que la voz concuerde con el corazón.

Para finalizar leamos lo que dijo la Santísima Virgen a la vidente Lucia en Fátima:

“¿Y quien sois y qué queréis de mi? Soy la Virgen del Rosario, venida para exhortar a los fieles a cambiar de vida y a no afligir más con el pecado, a mi Hijo, a rezar el Santo Rosario y a hacer penitencia de sus pecados”.

EL PRINCIPIO DE SUBSIDARIEDAD





Por: Pbro. Dr. Pedro Gijs.

El principio de subsidariedad nace en la Doctrina Social de la Iglesia con la Encíclica Quadragésimo anno de 1931 del Papa Pío XI. Este principio está fundado sobre una visión personalista que enfoca que la primera responsabilidad descansa sobre la persona humana, sola o en grupo reunida. Significa, formulado de una manera negativa, que donde el hombre o los grupos son capaces de asumir su tarea, nadie se la puede quitar. Al contrario, las instancias superiores les deben facilitar el apoyo y la ayuda. Las organizaciones o sociedades debe respetar la actividad relativamente autónoma de los grupos intermedios. Este principio evita que se quite la autonomía a las personas y los grupos intermedios y sean absorbidos por el Estado bajo el pretexto de cuidarlos en nombre de la igualdad. El principio de subsidariedad es una medida contra la prepotencia y el intervencionismo estatal desmedido. El equilibrio social no es posible sin el respeto de este principio que se funda sobre el derecho humano de dignidad, libertad e iniciativa.


Al estado le compete, según lo que escribe el Papa Juan XXIII en su Encíclica Mater et magistra, la tarea de fomentar, estimular ordenar, suplir y completar. El estado debe completar la actividad de los grupos intermedios y no la de asumir directamente funciones económicas, sociales y culturales que corresponden a otros. La intervención del estado debe ser subsidiaria y complementaria. El estado sí tiene la responsabilidad de favorecer, estimular, orientar y coordinar las iniciativas y actividades privadas hacia un bien común superior.


Aplicando este principio al dominio de la economía el mismo Papa, ahora Beato, formula en su mencionada encíclica n° 55: “ Manténgase siempre a salvo el principio de que la intervención de las autoridades públicas en el campo económico, por dilatada y profundo que sea, no sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expresión de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes los derechos esenciales de la persona humana. Entre estos hay que incluir hay que incluir el derecho y la obligación que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechosos ejercicio de las actividades de producción”.


Los grupos intermedios a su vez deben asegurar su independencia ante las autoridades políticas. En este sentido escriben los Obispos Venezolanos ante el proceso electora en 1.972: “A los que se sienten llamados a servir en la actividad política les recordamos...”, y citan la Constitución Pastoral Gaudium et spes, n° 75e: (...)que demostrarán también con los hechos como pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa libertad”.


El estado no agota la sociabilidad humana. La sociedad o la comunidad civil es anterior al estado o la comunidad política. Este axioma pone en claro que el Estado debe servir al bien de la persona y de la sociedad. Por eso, el estado actúa según el principio de subsidariedad. El Estado no absorbe la sociedad, ya que su fin es servir a ella y no anularla. También los grupos intermedios: la familia, los grupos económicos, sociales, políticos, sindicales, culturales y religiosos tienen su propia autonomía dentro del ámbito del bien común y contribuyen para el desarrollo de la sociedad. Así las personas se transforman en protagonistas de la acción social y crece la subjetividad de la sociedad.


Otro principio que conjuntamente con el principio de subsidariedad rigen la relación entre el Estado y las comunidades menores, familias y las personas, es el principio de solidaridad. En virtud de éste, el hombre debe contribuir con sus semejantes al bien común de la sociedad, en todos los niveles. Con ello la Doctrina Social de la Iglesia se opone a todas las formas de individualismo social o político.

Hay un campo sumamente amplio de trabajo y compromiso para políticos católicos conocedores de la Doctrina social de la Iglesia.


La Iglesia: Madre y Maestra

Por: Marco A Di Rupo B

Nota: El presente artículo fue publicado en el diario Jornada el 22-03-2008


«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.» Lc.10,16


Los Católicos que amamos a la Iglesia, sentimos por nuestros Obispos, (hijos y servidores de la Iglesia, sucesores legítimos de los Apóstoles) un afecto filial y los consideramos nuestros Padres en la Fe. Por eso, y en relación con la Exhortación del Episcopado Venezolano sobre la propuesta de la Reforma Constitucional "Llamados a vivir en libertad" y de la reacción que ante la misma se produjo en sectores oficialistas y del alto gobierno, me es imperativo como cristiano-católico aportar algunas consideraciones al respecto.


Primero: para los católicos la Iglesia es madre y maestra: madre de la fe, porque en ella nos engendra, a la vez que procura nuestro bien, no sólo en esta vida, sino también en la otra; maestra porque nos guía en el camino; nos instruye en las verdades de fe y nos ayuda a testimoniarlas con la vida. En su rol de maestra, la Iglesia a través de su Magisterio puede y debe intervenir en el campo moral, ya que es su misión predicar a la luz de la fe, todo lo que el católico debe creer y practicar en la vida cotidiana, tanto en el ámbito espiritual-individual como en el social.


Segundo: la obediencia razonada que el fiel católico debe al Magisterio de la Iglesia en modo alguno cercena su libertad de pensamiento, acción o el derecho a escoger, por el contrario, tenemos libertad de opinar y pensar lo que sea, siempre que lo hagamos bajo las condiciones que nos pide la Santa Iglesia, madre y maestra de la Verdad: mantener espíritu de caridad en el debate, ser fieles a la doctrina, tener respeto por la jerarquía y no dudar o poner entela de juicio las verdades primordiales reveladas por Dios en las Sagradas Escrituras y la Tradición de la Iglesia.


Tercero: en el Código de Derecho Canónico, Canon 747, N° 2 leemos que: "la Iglesia siempre y en todo lugar tiene el derecho de proclamar principios morales, siempre en el respeto del orden social, y de hacer juicios acerca de cualquier aspecto humano, como es exigido por los derechos fundamentales del hombre o por la salvación de las almas". Por lo tanto los obispos como ciudadanos venezolanos tienen el derecho opinar y emitir juicios valorativos sobre el acontecer nacional sin tener por ello que renunciar a las investiduras que les ha otorgado la Iglesia o a los símbolos exteriores de la fe.


Cuarto: cuando la Iglesia interviene en el campo de lo social, lo hace desde su Doctrina Social, la cual reúne principios morales, normas de juicio, y principios de acción que provienen de la Sagrada Escritura y la Tradición, fraguados estos en el encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias frente a los problemas que surgen en la vida de la sociedad.

Quinto: la Iglesia no está de acuerdo con la tendencia laicista (plasmada entre otras, en la nueva ley de educación) que pretende reducir la fe cristiana al ámbito puramente privado, sin manifestaciones exteriores y sin ningún tipo de participación en lo público.


Sexto: a la luz de la Doctrina social de la iglesia, el socialismo Marxista-Leninista o su versión tropical el Socialismo del Siglo XXI (en realidad castro-comunismo disfrazado) es incompatible con la fe Cristiano-Católica ya que:


1) va contra la imagen cristiana del hombre, según la cual éste es «fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales» (Mater et magistra, n.° 219).


2) Considera a la Iglesia como aliada del capitalismo y, por ende, enemiga de la clase trabajadora.


3) Es materialista y ateo.


4) Elimina progresivamente la propiedad privada sobre los medios de producción.


5) Anula la iniciativa personal.


6) Su estrategia permanente en lo político es la “lucha de clases” conduciendo a la sociedad a un estado de violencia permanente. 7) Se violan los Derechos Humanos.


8) Genera mayor pobreza y corrupción para crear dependencia del individuo hacia el estado.


9) Se fomenta el “pensamiento único”.


10) Es totalitario.


Por esto: es un sagrado deber de los obispos venezolanos reunidos en Conferencia Episcopal, alertar al pueblo en general y muy particularmente al pueblo Cristiano-Católico sobre los alcances, consecuencias y peligros que para la persona y la sociedad en sus derechos fundamentales, puede acarrear la posible puesta en marcha de la llamada “reforma constitucional”, entre los cuales nos señalan los siguientes:


a) la reforma por la radicalidad y profundidad en los cambios que introduce en la estructura del Estado mas que una reforma es una nueva concepción de país y de sociedad.


b) Proponer un Estado “socialista” es un golpe a la actual constitución y una negación de los derechos fundamentales del ser humano y de una recta concepción del papel del Estado.


c) La reforma es en esencia excluyente, todo aquel que no este de acuerdo con el proyecto “socialista” no tiene cabida en el Estado. d) Restringe libertades y es involutiva en relación a los Derechos Humanos.


Por lo tanto concluyen los obispos: el actual proyecto de “reforma constitucional” es moralmente inaceptable a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, pues vulnera los derechos fundamentales del sistema democrático y de la persona, poniendo en peligro la libertad y la convivencia social.


Por lo tanto concluyo: para el católico que aun milita en el “proceso”, llego la hora de lo que podemos llamar la Gran Definición o la Escogencia Final. O se sigue a Cristo y su Iglesia, o a un hombre y su proyecto. O se esta en el Camino, la Verdad y la Vida, o en el oportunismo, el fanatismo, la mentira y la Muerte.