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EL PRIMER BLOG CATÓLICO DE VALLE DE LA PASCUA...







sábado, 7 de noviembre de 2009

Pedro y el Papa

Por: Marco A Di Rupo B


Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Mateo 16,18

El 29 de junio los católicos celebramos la solemnidad de San Pedro y San Pablo y en la liturgia de ese día podremos contemplar entre otros elementos, la estrecha amistad que hay entre Jesucristo y estos dos hombres a quien El eligió para realizar grandes obras en su nombre. Esta solemnidad festeja a Pedro y a Pablo como las dos columnas de la Iglesia, Pedro por ser el hombre elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia:


“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” ( Mt 16,16)


y Pablo, por ser el Apóstol de los gentiles, el mismo que fue conquistado por Dios en el camino de Damasco y de perseguidor de la naciente Iglesia, se convirtió en propagador incansable de la fe cristiana, entregándose sin reservas a la causa del Evangelio. Pablo es el apóstol fogoso e incansable que recorre el mundo para anunciar la buena nueva de la salvación en Cristo Jesús. De Pedro y de Pablo podemos resaltar su estrecha amistad con Jesús. Los dos experimentaron el amor de Dios en la persona de Jesús y de esa experiencia que los marcó por el resto de sus vidas, nació una viva conciencia de su misión en la construcción del Reino.


Precisamente para celebrar los dos mil años del nacimiento de San Pablo, el Papa Benedicto XVI proclamó un Año Jubilar Paulino desde el mes de junio del año 2008 a junio del 2009, durante ese tiempo se dieron un conjunto de iniciativas eclesiales a nivel mundial como contribución para dar a conocer a los católicos y a los cristianos en general, quién es San Pablo, qué representa, lo qué ha hecho y lo que ha dicho. Fueron los temas fundamentales de ese año jubilar, el acercamiento a San Pablo y el reforzamiento del aspecto ecuménico que representa, esto, en aras de la unidad de los cristianos. Como de San Pablo tuvimos todo un año para reflexionar, vamos a tratar hoy sobre algunos aspectos de San Pedro, su persona y su misión.


¿Quién era Pedro? Su nombre era Simón Bar-Jona hijo de Jonás, era un rudo y sencillo pescador del lago de Genesaret, que vivía con su mujer y su suegra en la aldea de Betsaida en la región de Galilea. Pedro junto con su hermano Andrés discípulo de Juan el Bautista, y sus compañeros de trabajo Santiago el mayor y Juan el discípulo amado, se encontraron entre los primeros apóstoles de Cristo, quien le cambió su nombre por Pedro, Kefa en arameo o Cefas en griego, que quiere decir “piedra” o “roca” (Juan 1,40-42); invitándolo a ser desde entonces “pescador de hombres” (Lucas 5,10). Pedro siempre encabeza la lista de los doce amigos del Señor (Mateo 10,2; Marcos 3,16; Lucas 6,14; Hechos 1,13), él mismo se nombra como “siervo y apóstol de Jesucristo” (2Pedro 1,1) ”testigo de los sufrimientos de Cristo” (1Pedro 5,1) y aparece a veces como el portavoz de los apóstoles ( Mateo 18,21-22; Marcos 10,28),


¿Cómo consta que Jesucristo quiso conceder la Autoridad Suprema de la Iglesia al Apóstol San Pedro? Hay tres textos muy importantes en el Evangelio:


MATEO 16, 16-19: "Yo te digo a ti que eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves, del Reino de los Cielos y todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y todo, lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos". (Este texto nos habla de la Promesa hecha por Jesús única y exclusivamente a Pedro).


LUCAS 22,32: "Tú confirma en la fe a tus hermanos" - (Es la función directiva en la fe, que Jesús confiere a Pedro).


JUAN 211 15-17: Jesús Resucitado le dice tres veces a San Pedro: "¿Me amas?"; Pedro responde tres veces: -"Sí, Señor, Tú sabes que te amo". Entonces Jesús, por tres veces, le ordena "Apacienta mis corderos, Apacienta mis Ovejas". (Es el encargo directo y explícito de Jesús a Pedro, para que esté al frente de la Iglesia.


¿Qué otros poderes le da Jesús a San Pedro?, los poderes que son comunes al resto de los Apóstoles: Predicar y Bautizar (Mateo 28, 19-20); Hacer milagros (Mateo 10,8); y Perdonar o retener los pecados (Juan 20,22-23).


Una de las doctrinas que más atacan nuestros hermanos separados (protestantes, “evangélicos” ¿cristianos?, sectarios, etc.) es la autoridad que Cristo dio a Pedro al fundar su Iglesia en él. Nosotros sabemos que Jesucristo es la verdadera Piedra Angular del Reino de Dios sobre la tierra. Pero sabemos también que mientras esperamos su glorioso retorno, no nos ha dejado sin pastor, y ese pastor es el Papa, sucesor legitimo de San Pedro cuya potestad es la de ser VICARIO DE CRISTO EN LA TIERRA. (Mateo 16,18-19) o sea, "Hacer las veces de Cristo", enseñando, gobernando, dirigiendo, animando y sirviendo a todos los fieles. Cristo ya murió, resucitó y subió al cielo, pero deja en su lugar aquí en la tierra al Papa, que tiene una especial asistencia del Espíritu Santo para poder cumplir con esta misión de representar a Cristo. El Papa es también el Obispo de Roma, porque es el sucesor de San Pedro, que fue Obispo de Roma y ahí murió como mártir de Jesucristo. Roma es la Diócesis más importante del mundo y ahí están los restos de San Pedro.


El Papa es INFALIBLE en materia de Fe y Costumbres cuando habla solemnemente ("Ex Cathedra") como jefe de la Iglesia Universal, porque el Espíritu Santo lo asiste de manera muy especial para que no cometa errores. Todo lo cual quiere decir que, por una gracia especial del Espíritu Santo, no puede enseñar doctrinas contrarias a la Doctrina de Cristo. Es la Cabeza visible de la Iglesia y tiene el "PRIMADO DE AUTORIDAD" entre todos los obispos. "Confirma en la fe a los hermanos Obispos". (Lucas 22»32). Es el jefe de la jerarquía Católica. Tiene la asistencia del Espíritu Santo para gobernar a la Iglesia.


El Papa es nuestro padre y pastor porque él cuida a todos los hijos de Dios, con cariño y con atenciones de verdadero Padre y vela por la santidad de todos. Por eso cariñosamente le llamamos también "SANTO PADRE". Quiera Dios, que todos los cristianos y especialmente los católicos lleguemos a entender al papado como un don precioso de Cristo a su Iglesia, lo amemos, lo sigamos y nos dejemos guiar por el.

La Visita Pastoral

Por: Marco A Di Rupo B



Este año (2009) visitó pastoralmente la parroquia Catedral Nuestra Señora de la Candelaria, Monseñor Ramón José Aponte Fernández, Obispo de la Diócesis de Valle de la Pascua, por tal motivo he querido en esta oportunidad, hablarles un poco sobre lo que significa la palabra Obispo y otros temas relacionados con el mismo. Primero, estudiemos la noción de “sucesión apostólica”. Los apóstoles cumpliendo el mandato del Señor de llevar el Evangelio a todos los hombres, entendieron tempranamente que el ministerio del apostolado no debía quedar vacante luego de que ellos murieran, por eso estaban conscientes de la obligación que tenían de designar sucesores que pudieran ejercer su ministerio de forma cabal y legitima, de organizar Iglesias y poner al frente hombres capaces, y de que este ministerio se extendiera hasta el fin de los tiempos. Así, vemos como en el libro de los hechos de los apóstoles se nos narra cómo una de las principales actividades de los apóstoles era designar en ellas presbíteros:


“Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.” Hechos 14,23.


La sucesión apostólica es ese proceso ininterrumpido de comunicación del servicio apostólico y episcopal a través de los tiempos, desde los 12 Apóstoles de Jesús, hasta llegar a los Obispos de hoy, que viven en comunión entre ellos y con el Santo Padre. Los Apóstoles, conscientes de que no vivirían para siempre, y por voluntad de Cristo, estaban destinados a tener sucesores que continuaran su ministerio, con la misma autoridad que ellos recibieron de Cristo. En la Iglesia Católica, (la única fundada por Cristo), todo obispo es un sucesor, histórico, de los 12 Apóstoles de Jesús,


La palabra "obispo" viene del griego y significa "vigilante". Un obispo es un sacerdote que recibe el sacramento del orden sacerdotal en su máximo grado, que es el episcopado. Es el guía y animador de una iglesia particular (una diócesis) con la ayuda de los sacerdotes y los diáconos. También se le llama "el Ordinario del lugar " o sea, el que lleva el gobierno ordinario de una diócesis. Los obispos los nombra el Papa. El título de Obispo nos remite a la noción de autoridad y a quien la ejerce, como un servicio para la comunidad, ya que no hay comunidad sin autoridad, sino sería un simple grupo de personas. En nuestra Iglesia católica los obispos


“son constituidos como pastores para que sean maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para el gobierno” (Código de Derecho Canónico, can. 375, 1).


Tienen la plenitud del sacerdocio, con potestad total, para gobernar una iglesia particular en comunión con los demás obispos y el Papa y pueden administrar válidamente el sacramento de la Confirmación, y el sacramento del Orden Sagrado en sus tres grados (diáconos, presbíteros, obispos).


El obispo en cada diócesis ocupa el centro de la iglesia local, y, ayudado por su presbiterado, tiene autoridad máxima en materia de magisterio, de santificación y de gobierno. Tiene también la responsabilidad de la pastoral de la diócesis. Al ser sucesor de alguno de los 12 Apóstoles de Jesús, se le encomienda una porción de la grey del Señor, en el caso particular de Monseñor Aponte, la diócesis de Valle de la Pascua.


Todo Obispo es representante (o Vicario), de Jesús Resucitado en su diócesis y como tal, tiene a su cargo el gobierno de la Iglesia particular, organizada territorialmente como diócesis. Cada diócesis se estructura habitualmente alrededor de una ciudad, y en esa ciudad se encuentra la iglesia principal (catedral), de la que es titular su obispo y en donde se encuentra su cátedra, lugar desde donde preside las celebraciones litúrgicas, eventualmente imparte justicia y confiere los sacramentos.


El obispo tiene entre sus funciones principales las de Gobernar, Santificar y Enseñar. El Código de Derecho Canónico nos dice:


“Los obispos, que por institución divina son sucesores de los Apóstoles en virtud del Espíritu Santo que se les ha dado, son constituidos como Pastores de la Iglesia para que también ellos sean maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para el gobierno.”


Estas funciones la ejerce el obispo en el ámbito de su diócesis. La diócesis


“es una porción del pueblo de Dios cuyo cuidado pastoral se encomienda al obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica.” (CIC 369)


De este modo, la diócesis es una agrupación de parroquias y otros ministerios pastorales presididos por el obispo. Todo obispo diocesano tiene la obligación de pastorear su comunidad. Para ello es necesario el conocimiento cercano y profundo de la realidad eclesial que se le ha encomendado.


Una de las maneras que le permite al obispo el conocimiento directo de la diócesis es la visita pastoral. Según el Directorio para el Ministerio pastoral de los Obispos,


"la visita pastoral es uno de los modos, ciertamente singular, por el que el Obispo cultiva el encuentro personal con el clero y demás fieles del pueblo de Dios, para que los conozca y dirija, los exhorte a una vida de fe y de práctica cristiana, así como para que vea de cerca y valore en su real eficacia las estructuras e instrumentos destinados a su servicio pastoral” (n. 166)


El objetivo principal de la visita pastoral es:


"el encuentro del Obispo con las personas, es decir, con el clero, los religiosos y los laicos: todos los actos de la visita deben orientarse hacia este fin" (nº 168)


Se encuentra también con los niños en la catequesis y con los jóvenes, con los enfermos, con los miembros de asociaciones de apostolado, con el Consejo Parroquial de Pastoral, con los grupos parroquiales, movimientos de apostolado seglar, comisiones y comités, etc. La Iglesia pide a los Obispos que hagan la Visita Pastoral a todas las comunidades cristianas y a las instituciones católicas. Así lo manda la ley de la Iglesia recogida en el Código de Derecho Canónico:


"El Obispo tiene la obligación de visitar la diócesis cada año total o parcialmente, de modo que al menos cada cinco años visite la diócesis entera, personalmente o, si se encuentra legítimamente impedido, por medio del Vicario general o de otro presbítero. El obispo puede elegir a los clérigos que desee para que le acompañen y ayuden en la visita" (CIC 396)


Agradecemos a nuestro querido pastor Monseñor Ramón José Aponte Fernández la visita pastoral que realizo a nuestra parroquia, especialmente por los frutos que de ella estamos cosechando: la unión en los vínculos de la fe y el amor, entre jerarquía y fieles.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La Santidad y los Santos

Por: Marco A Di Rupo B


“Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo” Levítico 19,2


En estas tierras calientes de Guarico, vivió una santa, la madre Candelaria de San José, oriunda de Altagracia de Orituco fundadora de la Congregación de las Religiosas Carmelitas de la Tercera Orden Regular, en la actualidad Religiosas Carmelitas de la Madre Candelaria. Esto nos llena de sano orgullo y nos compromete como cristianos católicos a vivir nuestra fe de tal manera que imitemos las virtudes que esta santa practicó y por las cuales la Iglesia la elevó a los altares. También es propicia la ocasión, para reflexionar sobre la santidad y los santos, lo cual trataremos en el presente artículo.


En su origen la santidad era la participación de la vida divina. Por el pecado de nuestros primeros padres se nos privo de ese estado de justicia y santidad originales, quedando nuestra naturaleza herida e inclinada al mal. Nuestro Señor Jesucristo con su obra redentora puso fin a ese orden de cosas reconciliándonos con el Padre, y otorgándonos la filiación adoptiva. La Iglesia Católica es la depositaria de la plenitud de los medios de salvación, es en ella donde conseguimos la santidad por la gracia de Dios, principalmente por medio de los sacramentos del bautismo, confesión y eucaristía. Por el bautismo recibimos los méritos del sacrificio de Cristo, somos liberados del pecado e injertados en Cristo para ser Hijos de Dios y participar de su santidad. Gracias a este sacramento, a los cristianos se nos da la gracia de Cristo, que es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestras almas para curarlas del pecado. Ser santos es hacer realidad el mandato divino: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48).


Esta perfección consiste en vivir a plenitud la vida cristiana dejándonos llevar por la caridad y entregándonos totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo, siguiendo las huellas de Cristo, haciéndonos conformes a su imagen, y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. San Pablo usa la palabra "santos" para referirse a los fieles que viven la nueva vida en el Espíritu Santo. (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1). El llamado a la santidad es universal, Dios y su Iglesia nos convocan sin cesar a ese estado de vida, todos debemos ser santos. La santidad no es algo para seres especiales o raros, es el camino que debemos recorrer el común de los mortales si queremos llegar a la meta y obtener la corona prometida.


Cuando nos referimos al caso especifico de los santos reconocidos por tales en la Iglesia, como por ejemplo la Beata Madre Candelaria de San José, nos referimos a hombres y mujeres que han vivido de forma heroica las virtudes cristianas, especialmente la fe, la esperanza y la caridad. La Iglesia (al contrario de lo que creen las sectas evangélico-protestantes) no inventa ni crea santos, simplemente los reconoce, los proclama como tales y los presenta como modelos de conducta e intercesores ante el Jesucristo. Cuando decimos Santos no nos referimos a imágenes, ni a fetiches, ni a estampitas, ni a seres a los cuales hay que propiciar o aplacar (santería). Los santos no son dioses ni hacen milagros, solo interceden por nosotros ante Cristo y nos ayudan con sus oraciones.


Totalmente contrario a los que las sectas proclaman, el proceso para reconocer que una persona vivió plenamente en santidad es bastante profundo. Este proceso consta de tres partes: La primera es la confirmación de las virtudes heroicas del postulante tales como las teologales: fe, esperanza y caridad; así como también los frutos del Espíritu Santo: el amor, la fe, la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza etc (Gálatas 5,22-23); que se hace después de cinco años de su muerte, y es llevado a cabo por un promotor (persona o grupo) quien se dirige al obispo de la respectiva diócesis. Este eleva una propuesta oficial a la Santa Sede, haciendo llegar toda la documentación recolectada que puede incluir cualquier carta, sermón, alocución, artículo, ensayo o libro escrito por aquél, así como comentarios importantes de él o ella que hayan merecido en el transcurso de su vida; y se le da el título de “Siervo de Dios”. Cuando los tribunales de Roma verifican que la vida cristiana del postulado fue heroica, y por lo menos dos teólogos hayan examinado con lupa de detalles cada palabra, de a cuerdo con la ortodoxia doctrinal, lo denominan “Venerable”.


El segundo paso es la “beatificación”, que se cumple en un lapso de tiempo no menor de veinte años, y es realizado en la Curia Romana por la Congregación destinada para tal fin, quienes nombran a su vez un “promotor de la fe” del Vaticano, más conocido como el “abogado del Diablo” porque tratara de mostrar que no es merecedero de tal reconocimiento. Así como también un postulador o “abogado de Dios”.


La tercera fase es la “canonización”, que se da después de una revisión general de la vida del beato(a), más la confirmación de un nuevo milagro que es obligatorio para ambas categorías (beatificación y canonización). Posteriormente, el Papa como jefe supremo de la Iglesia de Cristo, y haciendo uso del derecho de la infalibilidad pontificia, lo eleva a los altares a la categoría de “santo”, muchas veces en la propia basílica de San Pedro del Vaticano, y lo anota en el catálogo del libro de los santos. Que el ejemplo de la Beata Madre Candelaria de San José nos ayude a ser mejores cristianos y a buscar sin desánimo el sendero de la santidad.


La Madre de Dios

Por: Marco A Di Rupo B



"Cada uno tendría que honrar a María tal como ella misma lo expresó en el Magnificat. Ella alabó a Dios por sus obras. ¿Cómo podremos entonces nosotros alabarla? El verdadero homenaje de María es en honor de Dios, la alabanza de la Gracia de Dios...María nada es por su propio mérito, sino por el mérito de Cristo...María no desea que vayamos a ella sino a través de ella hacia Dios". (Martín Lutero en: Explicación del Magnificat, año1521)



El 15 de agosto, los cristianos católicos celebramos la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo. El dogma de la Asunción afirma que la Virgen Inmaculada, Madre de Dios, terminado el período de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. El Papa Pío XII definió el dogma en 1950, en la Bula Munificentissimus Deus. No queda definido si la Virgen murió o no. Sólo que su cuerpo no quedó sometido a la corrupción del sepulcro, y que ha sido ya glorificado. Pero para entender este dogma de manera clara es necesario conocer antes la raíz y fundamento de la dignidad singularísima de la Virgen María en la economía de la salvación, dignidad que no es otra que la de ser la Madre de Dios y es de lo que trataremos en el presente articulo.



"Madre" es la mujer que engendra. Se dice que es madre del que ella engendró. Si aceptamos que María es madre de Jesús y que El es Dios, entonces María es Madre de Dios. No debemos confundir lo que es el tiempo y lo que es la eternidad. María, claro está, no fue madre del Hijo eternamente. Comenzó a ser Madre de Dios cuando la segunda persona de la Santísima Trinidad (el Hijo Eterno) quiso entrar en el tiempo y hacerse hombre como nosotros. Para hacerse hombre quiso tener madre. Gálatas 4:4: "al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer". Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios, por ende María es madre de Jesús, Dios y hombre verdadero. Entonces, María es Madre de Dios, no porque lo haya engendrado en la eternidad sino porque lo engendró hace 2000 años en la Encarnación.



La verdad de que María es Madre de Dios es parte de la fe de todos los cristianos ortodoxos (o sea de doctrina recta). Fue proclamada dogmáticamente en el Concilio de Efeso, en el año 431 y es el primer dogma Mariano. Cuando nuestros “hermanos esperados” los protestantes (especialmente los miembros de las sectas que inundan Valle de la Pascua) se escandalizan y niegan este dogma, sin darse cuenta, caen en el mismo error del hereje Nestorio Patriarca de Contastinopla en el siglo V, quien afirmaba que había dos personas distintas en Jesús, una divina y otra humana y que sus dos naturalezas no estaban unidas. Por lo tanto, María no es la Madre de Dios pues es solamente la Madre de Jesús hombre. Si negamos como Nestorio, que María es Madre de Dios, negamos por simple lógica, que también que Jesús es una persona divina.



La Iglesia Católica enseña que Jesús es una persona divina (no dos personas), y que Jesús tiene dos naturalezas: es Dios y Hombre verdaderamente, y que María es madre de una persona divina y por lo tanto es Madre de Dios. María es la Madre de Dios, no desde toda la eternidad sino en el tiempo. Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad, según la naturaleza humana que El asumió. El origen Divino de Cristo no le proviene de María, pero al ser Cristo una persona de naturalezas divina y humana, María es tanto madre del hombre como Madre del Dios. María es Madre de Dios, porque es Madre de Cristo quien es Dios \ hombre.



Los fundadores de sectas en su ignorancia de la Sagrada Escritura, de la historia de la Iglesia primitiva (católica) y de la Sagrada Tradición, a la vez que cometen los mismos errores de los herejes de antaño, no le hacen honor ni siguen las enseñanzas de quien los fundo (mejor dicho inventó) y quien es padre espiritual de todos ellos: Martín Lutero. El Dr. Lutero afirmaba de María lo siguiente:



«Al llamar [a María] "Madre de Dios" se compendia todo su honor y nadie puede decir algo más grande, aunque tuviera tantas lenguas como las hojas o plantas de hierba que existen, como estrellas en el cielo o arenas en el mar». Martín Lutero, en («Das Magnificat», W 7, 572-573). «Al igual que la madera, no tuvo otro mérito que el de estar preservada por Dios y ser apta para la cruz, así María no tiene otra dignidad que la de estar preservada divinamente y ser apta para ser Madre-de-Dios» («Das Magnificat», W 7, 573).



Martín Lutero creía en la Inmaculada Concepción de María, las siguientes son palabras de Lutero:



"Es dulce y piadoso creer que la infusión del alma de María se efectuó sin pecado original, de modo que en la mismísima infusión de su alma ella fue también purificada del pecado original y adornada con los dones de Dios, recibiendo un alma pura infundida por Dios; de modo que, desde el primer momento que ella comenzó a vivir fue libre de todo pecado". (Sermón: "Sobre el día de la Concepción de la Madre de Dios"1527).



Lutero creía en la Virginidad perpetua de María:



“Cristo, nuestro Salvador, fue el fruto real y natural del vientre virginal de María...Esto sin la cooperación de un hombre y ella permaneció virgen después”.



Visto todo lo anterior, seria recomendable que tanto los protestantes históricos como los evangélicos, fundamentalistas, sectarios etc, estudiaran un poco la historia y la Biblia y siguieran las enseñanzas de su fundador, para que de esta manera se acercaran un poco más al verdadero cristianismo.














El Concilio Plenario de Venezuela

Fuente: pinmaculada.blogspot.com
Resumido por: Marco A Di Rupo

Un concilio es, fundamentalmente, una reunión de obispos (con participación de los otros sectores del Pueblo de Dios), con la finalidad de ejercer conjuntamente la tarea que les corresponde en el campo de la enseñanza, de la santificación y del gobierno pastoral. Expresa la naturaleza corporativa o “colegial” del ministerio episcopal en la Iglesia. Un concilio se llama plenario, cuando abarca un país (es el caso del Concilio Plenario de Venezuela). Nuestro Concilio Plenario es el primero que se registra en los quinientos años de la vida de la Iglesia en Venezuela.

La cercanía del V Centenario de la Evangelización de Venezuela (1498-1998), suscitó en el seno de la Conferencia Episcopal la conveniencia de celebrar dicho acontecimiento con un Concilio Plenario. Este podía ser como un “alto en el camino”, que permitiese a) hacer memoria de lo recorrido con sus luces y sombras, b) examinar la situación actual para identificar valores y tendencias, discerniendo los “signos de los tiempos” y c) facilitar un mejor diseño de la acción pastoral como respuesta y esperanza hacia el futuro.

La proximidad de un nuevo siglo y un nuevo milenio invitaba también a una “nueva evangelización”, con nuevo ardor, nuevos métodos, nueva expresión, para atender a la exigencia de los nuevos tiempos. El Episcopado explicó el l0 de enero de 1998 el por qué del CPV en los siguientes términos: “El Concilio Plenario de Venezuela tiene como sentido y finalidad, a cinco siglos del inicio de la evangelización en nuestro país, trazar un conjunto de orientaciones y normas que ayuden a concretar la nueva evangelización que nuestra Iglesia está emprendiendo y busca desarrollar” (Carta Pastoral Guiados por el Espíritu Santo, l4). “Para encarar el reto antes señalado, que nos exige un extraordinario esfuerzo evangelizador, hemos decidido celebrar el Concilio. Este buscará las formas con las cuales la Iglesia, poniéndose a la escucha de la Palabra de Dios, podrá cumplir de modo más fiel, coherente y orgánico, su misión propia en la realidad concreta de la nación, con vistas al III Milenio cristiano” (Ib 5).

La decisión de celebrar el Primer Concilio Plenario de Venezuela la tomó el Episcopado en su LXVI Asamblea Plenaria Ordinaria de julio 1996. En julio de 1997, el Episcopado nacional dio inicio a la “fase antepreparatoria” del Concilio en la Ciudad Coro, sede de la primera diócesis del país, coincidiendo con la apertura del Año Jubilar del V Centenario de Evangelización en Venezuela. El 10 de enero 1998, con su Carta Pastoral Colectiva (1ª. Conciliar) Guiados por el Espíritu Santo (GES), el Episcopado anunció solemnemente y convocó a la celebración del Primer Concilio Plenario y dio inicio a su “fase preparatoria”. En octubre de 1999 la Conferencia Episcopal fijó como fecha inaugural de la celebración del Concilio el 26 de noviembre de 2.000, Solemnidad de Cristo Rey. El Concilio celebró 6 sesiones de trabajo y una solemne de clausura.: la primera se tuvo en el 2000. A partir de entonces, cada año se celebró una. La de clausura fue en el 2006 y con ella se inicio la etapa de la aplicación del Concilio.

En cuanto al número de documentos aprobados: 16. En cuanto a contenido y siguiendo su orden cronológico de aprobación tenemos los siguientes: 1) La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela, 2) La comunión en la vida de la Iglesia en Venezuela, 3) La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad, 4) La catequesis, 5) Vida consagrada en Venezuela; 6) Iglesia y familia: presente y futuro; 7) El laico católico, fermento del Reino de Dios en Venezuela; 8)Jesucristo: buena noticia para los jóvenes; 9)Obispos, presbíteros y diáconos al servicio de una Iglesia en comunión; 10)La celebración de los misterios de la fe; 11) Instancias de comunión del Pueblo de Dios para la misión; 12) La Iglesia y la educación; 13) La evangelización de la cultura; 14) La pastoral de los medios de comunicación; 15) Ecumenismo y diálogo interreligioso; 16) La Iglesia ante las sectas y otros movimientos religiosos.

Los documentos siguieron la metodología del “VER – JUZGAR – ACTUAR”, de modo que en la tercera parte (“Actuar”) se contienen las orientaciones y normas pastorales del Concilio. El “ver” consiste en un análisis pastoral de la realidad. El “juzgar” es una iluminación teológico-pastoral de la realidad. Es una interpretación, discernimiento, valoración de lo que se ha “visto”, desde la Palabra de Dios y el Magisterio eclesial. El “actuar”, momento metodológico conclusivo, comprende los desafíos, orientaciones y normas pastorales. Es decisión y compromiso evangelizador. El “actuar” es el momento “más importante” por cuanto corresponde al sentido y finalidad del Concilio, según lo expresaron los obispos en su carta de enero de 1998: “trazar orientaciones y normas que ayuden a concretar la nueva evangelización” en Venezuela.

En el Concilio a los obispos les corresponde una función de primer plano en cuanto sucesores de los apóstoles en el servicio pastoral de la Iglesia. Tienen voto deliberativo. Hubo también una amplia participación de representantes de otros sectores del Pueblo de Dios en las sesiones conciliares. En términos gruesos podríamos decir que dichos representantes equivalen a cuatro veces más del número de obispos y tienen voto consultivo, que, de hecho, es definitorio. Pero la participación no queda allí, pues desde el inicio del Concilio se han tenido consultas amplias y especializadas y permanente colaboración de asesores y expertos. Los obispos no han estado ni trabajado solos.

¿A quién corresponde aplicar el Concilio Plenario? A todos los católicos aquí y ahora. El proceso conciliar nos compromete a todos a trabajara con alegría y esperanza. No a todos corresponde lo mismo, pero todos sí hemos de comprometernos. Sin esperar que “el otro” sea el que dé el primer paso. “Hay para todos”: ministros ordenados, laicos, personas de vida consagrada. Mayores, jóvenes; sanos, enfermos; ricos, pobres.